lunes, 21 de junio de 2010

Volver a Vietnam, una y otra vez: HCMC, Hue y Hoi An.

Y Vietnam, increíble como siempre. Parece mentira la de sorpresas que este país tiene escondidas. Ya nos habían avisado y ya nos habían recomendado. Pero es que aún así no te deja de sorprender.
Volamos un jueves, aprovechando la festividad del viernes, a Ho Chi Minh City, ciudad tomada por las motos, donde la tradición y la modernidad, el presente y el pasado se mezclan para dar lugar a historias impactantes, lugares inesperados y personas entrañables. Desde una catedral francesa a callejones interminables, todo parece querer formar parte de la historia de esta ciudad.
Aunque no faltó el intento de timo en el taxi a la llegada del aeropuerto, nuestras dotes, ahora más que avanzadas y nuestra experiencia en todos estos países hicieron que saliésemos airosos de la situación, y todavía nos reímos de ello. Tras un agradable paseo por las calles principales y una buena cena en un restaurante vietnamita (que no cutre), nos fuimos a dormir.

A la mañana siguiente, vuelo temprano hacia Hué, capital de Vietnam hasta 1945 y Patrimonio de la Humanidad por su conjunto arquitectónico. A pesar de los fallos de luz constantes, es una ciudad animada y cómoda. Al llegar al hotel, contratamos un tour en barco por el “río del Perfume” que atraviesa Hué, con comida incluida. A orillas del río se encuentran las diferentes tumbas dedicadas a los emperadores de la dinastía de los Nguyen: Ming Mang, Kai Din y Tu Du. Y la forma de llegar hasta ellas desde el río: en moto, con nuestros conductores particulares.
Para finalizar el tour, una parada en la Pagoda de Thien Mu, donde nos sorprendió especialmente el peinado de los niños mojes que estaban allí rezando…
De vuelta a Hue, tiempo para las duchas correspondientes, un poco de relax, y una estupenda cena. Además, nos sorprendió una festividad en la que numerosos barcos navegaban río arriba y abajo, decorados con muchísimas luces y música. ¡muy curioso!

El sábado por la mañana, todavía tuvimos un poco de tiempo para conocer la famoso Ciudadela de Hue, y la Ciudad Imperial. Aunque está bastante destruida por dentro, la están reconstruyendo, y entre los videos y las paredes que ya están en pie (y oliendo todavía a pintura fresca) es fácil hacerse una idea de cómo tenía que ser ese lugar en la época de los emperadores. En la actualidad, una inmensa fotografía de Ho Chi Minh te da la bienvenida colgada en la puerta principal.
A mediodía, recogimos las cosas del hotel, y con bocata en mano, cogimos un bus (al que luego se le recordaría como ‘el bus del infierno’, aunque para nada fue tan malo) nos llevó bajando por la costa de Vietnam hasta Hoi An. El autobús esta llenísimo y no había mucho aire acondicionado, pero aun así el viaje fue agradable, y las vistas, impresionantes.
Hoi An es el fututo Benidorm de Vietnam. Aunque todavía le queda tiempo para que lo terminen de explotar tanto. El pueblo está preparado: numerosos sitios alojamientos que nunca se llenan por completo, restaurantes, tiendas, y todo lo que puedas necesitar durante tus vacaciones de playa. Y la playa, pues igualmente preparada. Kilómetros de arena blanca y agua cálida, donde empiezan a surgir los primeros restaurantes de ‘pie de playa’ y donde los hoteles que ya han visto el negocio de la zona han empezado a construir sus monstruosas y numerosas edificaciones para futuros turistas.
A nuestra llegada, estuvimos paseando por el pueblo, y después decidimos ir a cenar a la playa a un lugar de marisco que nos había recomendado donde te extendían una esterilla grande en la arena, y cenabas sentado en el suelo a la luz de velas. Único.
Y como buenos españoles, ‘cerramos la playa’ como se diría, con bañito nocturno incluido ya que teníamos tantas ganas de mar que no nos pudimos esperar. Y es que bañarse a la luz de la luna, no tiene precio. Sin duda, una de las noches más agradables.

Y ya el domingo, disfrutamos de una estupenda mañana de playa, con sol, calor, y, cómo no, bañito, rodeado de todos los niños que por esa época ya estaban de vacaciones y que se bañan con ropa, no sabemos si porque no tienen bañador o porque no pueden o porque no quieren. Allí se metían ellos con vaqueros y camisetas, y luego, un ratito al sol, y se secaba.
Ya a media tarde, recogimos todas las cosas, nos duchamos y cogimos un taxi que nos llevó en una hora hasta Danang, una ciudad cercana donde hay aeropuerto y que te permite no tener que volver hasta Hue para coger el avión. Y regresamos a Ho Chi Minh City, donde ya llegamos bastante tarde, y fuimos directos a la cama.

Al día siguiente, lunes y último día de aventura, quisimos conocer un poco más la parte histórica de la zona, y nos fuimos a visitar los túneles de Cu Chin, o “infierno estadounidense” durante la guerra de Vietnam, más de 200km de túneles subterráneos con hasta 3 niveles de 6, 8 y 10 metros de profundidad, que sirvió de refugio a más de 10.000 habitantes y combatientes durante más de un decenio. Estamos hablando de 1975.
Y todo eso, se puede visitar. Aunque bastante escalofriante y a veces conmovedor, es tremendamente interesante. Cómo cavaron los túneles con sus manos o con cucharas e iban esparciendo la arena en diferentes zonas para no ser descubiertos, como idearon los sistemas de ventilación, como vivían, dormían y cocinaban, cómo tras la dura lucha, muchos tenían que ir a trabajar al campo para poder tener qué comer… Y por supuesto, las trampas. Caseras y a base de bambú afilado y tablones de madera, totalmente camufladas en el terreno. Brr…. Me alegro de no haber estado por la zona en esa época. Incluso yendo detrás del guía, casi es mejor no salirse del camino marcado no vaya a ser que se hayan olvidado de quitar alguna de esas trampas… Y sí, puedes entrar en los túneles. Aunque solo hay unos pocos metros que se pueden caminar bajo tierra, para mí fueron demasiados. Es agobiante, apenas se puede caminar, y lo mejor, son tramos adaptados para ‘los occidentales’, es decir, algo más grandes que los originales…. Aquello tuvo que ser, sin duda, un verdadero infierno.
Y así fue como ganaron a los poderosos americanos.
Un viaje de escaso medio día nos bastó para despertar nuestro interés por aquel conflicto, y que fue tema de conversación principal desde ese momento, hasta nuestra llegada a Singapur esa misma noche, ya que tras regresar de los túneles, salimos hacia el aeropuerto para coger el avión de camino ‘a la isla’, de vuelta a la realidad.

¡Y todo lo que todavía me queda por descubrir de Vietnam!

PD. Especial agradecimiento a Alberto, sin cuya ayuda e información este viaje no hubiese podido ser tan completo ni tan perfecto. :D

1 comentario:

  1. Estupendo Arancha,

    Habiendo visto las fotos en FB y leído la crónica en el blog ya me hago una idea de cómo salió vuestro viaje. Qué bien que tuviérais tiempo de ver todo lo que había que ver y que os gustara.

    A ver lo que tardas en volver a Vietnam, jejeje.

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