¡WE ARE THE CHAMPIONS!! Pero qué felicidad...:D
jueves, 15 de julio de 2010
And the World Cup goes to....SPAIN!!
Porque España es campeona del mundo, porque nunca pensamos que diríamos eso, porque estar lejos de casa hace que este tipo de celebraciones se queden pequeñas y porque a pesar de la distancia estuvimos en y con España….este post es para vosotros!!!
¡WE ARE THE CHAMPIONS!! Pero qué felicidad...:D
¡WE ARE THE CHAMPIONS!! Pero qué felicidad...:D
lunes, 21 de junio de 2010
Update!!
Hoy juega España. Mundial de Sudáfrica 2010. Hemos perdido el primer partido contra Suiza. Y vamos a por el segundo contra Honduras.
Y yo, como no puedo con la tensión, he decidido aprovechar lo despejada que estoy (quizás los 45 min de siesta tengan también algo que ver) para ponerme al día con el blog.
Hoy, día Internacional de la música y primer día del verano (en el que vivo desde octubre) he retrocedido algo más de 2 meses para poder resumir viajes que parece mentira que haya podido realizar. Y aunque se ven lejanos, el tiempo ha pasado volando. Sí, sé que es lo que siempre se dice, pero es que…no he tenido tiempo real hasta hoy de terminar el post de Birmania y escribir el de Vietnam.
Y eso que me dejé por el camino numerosas otras ‘aventuras’ y algún que otro viaje, como el que hicimos la semana antes de Vietnam a Bali con el grupo de nuevos becarios en Singapur. La verdad que el finde estuvo muy bien, aunque Bali tampoco es nada sorprendente, o por lo menos lo que nos dio tiempo a ver.
Sin duda, mirando atrás ahora podría preguntar ¿quién me ha robado el mes de Abril? Tras una larga semana en Birmania, sentí la necesidad de un poco de vida casera, además de que el curro fue bastante intenso debido a una gran feria de Alimentación y Restauración que nos ocupó prácticamente las últimas semanas de Abril e incluso algún domingo.
Así como si nada, llegó Mayo, que empezó con la visita de nuestros compis de Tokio y con un par de fiestas de esas que suelen dejar huella. Y para entonces, Bali ya estaba al caer.
Igual de rápido que se resume, se pasó todo este tiempo.
Y si algo tenía ganas de que llegase, eso era el momento de poder realizar el curso de buceo. Desde Filipinas, era algo que tenía pendiente. Y al final, ¡Lo saqué hace 2 semanas!! Dos días de clases teóricas, dos clases de prácticas en piscina, y un maravilloso fin de semana en la isla de Malasia Pulau Aur, y ¡con título de Open Water Diver!! Una experiencia fantástica, por supuesto recomendable. ¡quién me lo iba a decir a mí si no podía ni mirar debajo del agua! Pero poder visitar a Nemo en su hábitat natural, ir a la caza de pepinos de mar o conocer lo que es un Spanish dancer fish, por no mencionar la paz y tranquilidad que existe ahí abajo… es inigualable.
También tuvimos la agradable visita del Galeón Andalucía, una fiel reproducción de los galeones del siglo XVII que realizó una parada en Singapur de camino a su destino final, la Expo de Shanghai. Sus tripulantes nos enseñaron con detalle a los españoles el barco y estuvimos conociendo cómo es venir desde España navegando en galeón.
Por otro lado, seguimos con clases de chino, empezando a estudiar algo después de….¿7 meses de clases? Ais….siempre me pilla el toro :D
Y bueno, que aunque no pretendo contarlo todo en una noche, ya era de dar diese señales de vida y de que me pusiese al día, que hay viajes nuevos por llegar que me gustaría contar en tiempo algo más real.
Este viernes, llega la primera visita desde España (y seguramente penúltima). ¡Todo casi listo!
A ver si el post no se hace mucho de rogar…
Y a ver si gana España…..
¡ÁNIMO XIBANYA!!
Y yo, como no puedo con la tensión, he decidido aprovechar lo despejada que estoy (quizás los 45 min de siesta tengan también algo que ver) para ponerme al día con el blog.
Hoy, día Internacional de la música y primer día del verano (en el que vivo desde octubre) he retrocedido algo más de 2 meses para poder resumir viajes que parece mentira que haya podido realizar. Y aunque se ven lejanos, el tiempo ha pasado volando. Sí, sé que es lo que siempre se dice, pero es que…no he tenido tiempo real hasta hoy de terminar el post de Birmania y escribir el de Vietnam.
Y eso que me dejé por el camino numerosas otras ‘aventuras’ y algún que otro viaje, como el que hicimos la semana antes de Vietnam a Bali con el grupo de nuevos becarios en Singapur. La verdad que el finde estuvo muy bien, aunque Bali tampoco es nada sorprendente, o por lo menos lo que nos dio tiempo a ver.
Sin duda, mirando atrás ahora podría preguntar ¿quién me ha robado el mes de Abril? Tras una larga semana en Birmania, sentí la necesidad de un poco de vida casera, además de que el curro fue bastante intenso debido a una gran feria de Alimentación y Restauración que nos ocupó prácticamente las últimas semanas de Abril e incluso algún domingo.
Así como si nada, llegó Mayo, que empezó con la visita de nuestros compis de Tokio y con un par de fiestas de esas que suelen dejar huella. Y para entonces, Bali ya estaba al caer.
Igual de rápido que se resume, se pasó todo este tiempo.
Y si algo tenía ganas de que llegase, eso era el momento de poder realizar el curso de buceo. Desde Filipinas, era algo que tenía pendiente. Y al final, ¡Lo saqué hace 2 semanas!! Dos días de clases teóricas, dos clases de prácticas en piscina, y un maravilloso fin de semana en la isla de Malasia Pulau Aur, y ¡con título de Open Water Diver!! Una experiencia fantástica, por supuesto recomendable. ¡quién me lo iba a decir a mí si no podía ni mirar debajo del agua! Pero poder visitar a Nemo en su hábitat natural, ir a la caza de pepinos de mar o conocer lo que es un Spanish dancer fish, por no mencionar la paz y tranquilidad que existe ahí abajo… es inigualable.
También tuvimos la agradable visita del Galeón Andalucía, una fiel reproducción de los galeones del siglo XVII que realizó una parada en Singapur de camino a su destino final, la Expo de Shanghai. Sus tripulantes nos enseñaron con detalle a los españoles el barco y estuvimos conociendo cómo es venir desde España navegando en galeón.
Por otro lado, seguimos con clases de chino, empezando a estudiar algo después de….¿7 meses de clases? Ais….siempre me pilla el toro :D
Y bueno, que aunque no pretendo contarlo todo en una noche, ya era de dar diese señales de vida y de que me pusiese al día, que hay viajes nuevos por llegar que me gustaría contar en tiempo algo más real.
Este viernes, llega la primera visita desde España (y seguramente penúltima). ¡Todo casi listo!
A ver si el post no se hace mucho de rogar…
Y a ver si gana España…..
¡ÁNIMO XIBANYA!!
Volver a Vietnam, una y otra vez: HCMC, Hue y Hoi An.
Y Vietnam, increíble como siempre. Parece mentira la de sorpresas que este país tiene escondidas. Ya nos habían avisado y ya nos habían recomendado. Pero es que aún así no te deja de sorprender.
Volamos un jueves, aprovechando la festividad del viernes, a Ho Chi Minh City, ciudad tomada por las motos, donde la tradición y la modernidad, el presente y el pasado se mezclan para dar lugar a historias impactantes, lugares inesperados y personas entrañables. Desde una catedral francesa a callejones interminables, todo parece querer formar parte de la historia de esta ciudad.
Aunque no faltó el intento de timo en el taxi a la llegada del aeropuerto, nuestras dotes, ahora más que avanzadas y nuestra experiencia en todos estos países hicieron que saliésemos airosos de la situación, y todavía nos reímos de ello. Tras un agradable paseo por las calles principales y una buena cena en un restaurante vietnamita (que no cutre), nos fuimos a dormir.
A la mañana siguiente, vuelo temprano hacia Hué, capital de Vietnam hasta 1945 y Patrimonio de la Humanidad por su conjunto arquitectónico. A pesar de los fallos de luz constantes, es una ciudad animada y cómoda. Al llegar al hotel, contratamos un tour en barco por el “río del Perfume” que atraviesa Hué, con comida incluida. A orillas del río se encuentran las diferentes tumbas dedicadas a los emperadores de la dinastía de los Nguyen: Ming Mang, Kai Din y Tu Du. Y la forma de llegar hasta ellas desde el río: en moto, con nuestros conductores particulares.
Para finalizar el tour, una parada en la Pagoda de Thien Mu, donde nos sorprendió especialmente el peinado de los niños mojes que estaban allí rezando…
De vuelta a Hue, tiempo para las duchas correspondientes, un poco de relax, y una estupenda cena. Además, nos sorprendió una festividad en la que numerosos barcos navegaban río arriba y abajo, decorados con muchísimas luces y música. ¡muy curioso!
El sábado por la mañana, todavía tuvimos un poco de tiempo para conocer la famoso Ciudadela de Hue, y la Ciudad Imperial. Aunque está bastante destruida por dentro, la están reconstruyendo, y entre los videos y las paredes que ya están en pie (y oliendo todavía a pintura fresca) es fácil hacerse una idea de cómo tenía que ser ese lugar en la época de los emperadores. En la actualidad, una inmensa fotografía de Ho Chi Minh te da la bienvenida colgada en la puerta principal.
A mediodía, recogimos las cosas del hotel, y con bocata en mano, cogimos un bus (al que luego se le recordaría como ‘el bus del infierno’, aunque para nada fue tan malo) nos llevó bajando por la costa de Vietnam hasta Hoi An. El autobús esta llenísimo y no había mucho aire acondicionado, pero aun así el viaje fue agradable, y las vistas, impresionantes.
Hoi An es el fututo Benidorm de Vietnam. Aunque todavía le queda tiempo para que lo terminen de explotar tanto. El pueblo está preparado: numerosos sitios alojamientos que nunca se llenan por completo, restaurantes, tiendas, y todo lo que puedas necesitar durante tus vacaciones de playa. Y la playa, pues igualmente preparada. Kilómetros de arena blanca y agua cálida, donde empiezan a surgir los primeros restaurantes de ‘pie de playa’ y donde los hoteles que ya han visto el negocio de la zona han empezado a construir sus monstruosas y numerosas edificaciones para futuros turistas.
A nuestra llegada, estuvimos paseando por el pueblo, y después decidimos ir a cenar a la playa a un lugar de marisco que nos había recomendado donde te extendían una esterilla grande en la arena, y cenabas sentado en el suelo a la luz de velas. Único.
Y como buenos españoles, ‘cerramos la playa’ como se diría, con bañito nocturno incluido ya que teníamos tantas ganas de mar que no nos pudimos esperar. Y es que bañarse a la luz de la luna, no tiene precio. Sin duda, una de las noches más agradables.
Y ya el domingo, disfrutamos de una estupenda mañana de playa, con sol, calor, y, cómo no, bañito, rodeado de todos los niños que por esa época ya estaban de vacaciones y que se bañan con ropa, no sabemos si porque no tienen bañador o porque no pueden o porque no quieren. Allí se metían ellos con vaqueros y camisetas, y luego, un ratito al sol, y se secaba.
Ya a media tarde, recogimos todas las cosas, nos duchamos y cogimos un taxi que nos llevó en una hora hasta Danang, una ciudad cercana donde hay aeropuerto y que te permite no tener que volver hasta Hue para coger el avión. Y regresamos a Ho Chi Minh City, donde ya llegamos bastante tarde, y fuimos directos a la cama.
Al día siguiente, lunes y último día de aventura, quisimos conocer un poco más la parte histórica de la zona, y nos fuimos a visitar los túneles de Cu Chin, o “infierno estadounidense” durante la guerra de Vietnam, más de 200km de túneles subterráneos con hasta 3 niveles de 6, 8 y 10 metros de profundidad, que sirvió de refugio a más de 10.000 habitantes y combatientes durante más de un decenio. Estamos hablando de 1975.
Y todo eso, se puede visitar. Aunque bastante escalofriante y a veces conmovedor, es tremendamente interesante. Cómo cavaron los túneles con sus manos o con cucharas e iban esparciendo la arena en diferentes zonas para no ser descubiertos, como idearon los sistemas de ventilación, como vivían, dormían y cocinaban, cómo tras la dura lucha, muchos tenían que ir a trabajar al campo para poder tener qué comer… Y por supuesto, las trampas. Caseras y a base de bambú afilado y tablones de madera, totalmente camufladas en el terreno. Brr…. Me alegro de no haber estado por la zona en esa época. Incluso yendo detrás del guía, casi es mejor no salirse del camino marcado no vaya a ser que se hayan olvidado de quitar alguna de esas trampas… Y sí, puedes entrar en los túneles. Aunque solo hay unos pocos metros que se pueden caminar bajo tierra, para mí fueron demasiados. Es agobiante, apenas se puede caminar, y lo mejor, son tramos adaptados para ‘los occidentales’, es decir, algo más grandes que los originales…. Aquello tuvo que ser, sin duda, un verdadero infierno.
Y así fue como ganaron a los poderosos americanos.
Un viaje de escaso medio día nos bastó para despertar nuestro interés por aquel conflicto, y que fue tema de conversación principal desde ese momento, hasta nuestra llegada a Singapur esa misma noche, ya que tras regresar de los túneles, salimos hacia el aeropuerto para coger el avión de camino ‘a la isla’, de vuelta a la realidad.
¡Y todo lo que todavía me queda por descubrir de Vietnam!
PD. Especial agradecimiento a Alberto, sin cuya ayuda e información este viaje no hubiese podido ser tan completo ni tan perfecto. :D
Volamos un jueves, aprovechando la festividad del viernes, a Ho Chi Minh City, ciudad tomada por las motos, donde la tradición y la modernidad, el presente y el pasado se mezclan para dar lugar a historias impactantes, lugares inesperados y personas entrañables. Desde una catedral francesa a callejones interminables, todo parece querer formar parte de la historia de esta ciudad.
Aunque no faltó el intento de timo en el taxi a la llegada del aeropuerto, nuestras dotes, ahora más que avanzadas y nuestra experiencia en todos estos países hicieron que saliésemos airosos de la situación, y todavía nos reímos de ello. Tras un agradable paseo por las calles principales y una buena cena en un restaurante vietnamita (que no cutre), nos fuimos a dormir.
A la mañana siguiente, vuelo temprano hacia Hué, capital de Vietnam hasta 1945 y Patrimonio de la Humanidad por su conjunto arquitectónico. A pesar de los fallos de luz constantes, es una ciudad animada y cómoda. Al llegar al hotel, contratamos un tour en barco por el “río del Perfume” que atraviesa Hué, con comida incluida. A orillas del río se encuentran las diferentes tumbas dedicadas a los emperadores de la dinastía de los Nguyen: Ming Mang, Kai Din y Tu Du. Y la forma de llegar hasta ellas desde el río: en moto, con nuestros conductores particulares.
Para finalizar el tour, una parada en la Pagoda de Thien Mu, donde nos sorprendió especialmente el peinado de los niños mojes que estaban allí rezando…
De vuelta a Hue, tiempo para las duchas correspondientes, un poco de relax, y una estupenda cena. Además, nos sorprendió una festividad en la que numerosos barcos navegaban río arriba y abajo, decorados con muchísimas luces y música. ¡muy curioso!
El sábado por la mañana, todavía tuvimos un poco de tiempo para conocer la famoso Ciudadela de Hue, y la Ciudad Imperial. Aunque está bastante destruida por dentro, la están reconstruyendo, y entre los videos y las paredes que ya están en pie (y oliendo todavía a pintura fresca) es fácil hacerse una idea de cómo tenía que ser ese lugar en la época de los emperadores. En la actualidad, una inmensa fotografía de Ho Chi Minh te da la bienvenida colgada en la puerta principal.
A mediodía, recogimos las cosas del hotel, y con bocata en mano, cogimos un bus (al que luego se le recordaría como ‘el bus del infierno’, aunque para nada fue tan malo) nos llevó bajando por la costa de Vietnam hasta Hoi An. El autobús esta llenísimo y no había mucho aire acondicionado, pero aun así el viaje fue agradable, y las vistas, impresionantes.
Hoi An es el fututo Benidorm de Vietnam. Aunque todavía le queda tiempo para que lo terminen de explotar tanto. El pueblo está preparado: numerosos sitios alojamientos que nunca se llenan por completo, restaurantes, tiendas, y todo lo que puedas necesitar durante tus vacaciones de playa. Y la playa, pues igualmente preparada. Kilómetros de arena blanca y agua cálida, donde empiezan a surgir los primeros restaurantes de ‘pie de playa’ y donde los hoteles que ya han visto el negocio de la zona han empezado a construir sus monstruosas y numerosas edificaciones para futuros turistas.
A nuestra llegada, estuvimos paseando por el pueblo, y después decidimos ir a cenar a la playa a un lugar de marisco que nos había recomendado donde te extendían una esterilla grande en la arena, y cenabas sentado en el suelo a la luz de velas. Único.
Y como buenos españoles, ‘cerramos la playa’ como se diría, con bañito nocturno incluido ya que teníamos tantas ganas de mar que no nos pudimos esperar. Y es que bañarse a la luz de la luna, no tiene precio. Sin duda, una de las noches más agradables.
Y ya el domingo, disfrutamos de una estupenda mañana de playa, con sol, calor, y, cómo no, bañito, rodeado de todos los niños que por esa época ya estaban de vacaciones y que se bañan con ropa, no sabemos si porque no tienen bañador o porque no pueden o porque no quieren. Allí se metían ellos con vaqueros y camisetas, y luego, un ratito al sol, y se secaba.
Ya a media tarde, recogimos todas las cosas, nos duchamos y cogimos un taxi que nos llevó en una hora hasta Danang, una ciudad cercana donde hay aeropuerto y que te permite no tener que volver hasta Hue para coger el avión. Y regresamos a Ho Chi Minh City, donde ya llegamos bastante tarde, y fuimos directos a la cama.
Al día siguiente, lunes y último día de aventura, quisimos conocer un poco más la parte histórica de la zona, y nos fuimos a visitar los túneles de Cu Chin, o “infierno estadounidense” durante la guerra de Vietnam, más de 200km de túneles subterráneos con hasta 3 niveles de 6, 8 y 10 metros de profundidad, que sirvió de refugio a más de 10.000 habitantes y combatientes durante más de un decenio. Estamos hablando de 1975.
Y todo eso, se puede visitar. Aunque bastante escalofriante y a veces conmovedor, es tremendamente interesante. Cómo cavaron los túneles con sus manos o con cucharas e iban esparciendo la arena en diferentes zonas para no ser descubiertos, como idearon los sistemas de ventilación, como vivían, dormían y cocinaban, cómo tras la dura lucha, muchos tenían que ir a trabajar al campo para poder tener qué comer… Y por supuesto, las trampas. Caseras y a base de bambú afilado y tablones de madera, totalmente camufladas en el terreno. Brr…. Me alegro de no haber estado por la zona en esa época. Incluso yendo detrás del guía, casi es mejor no salirse del camino marcado no vaya a ser que se hayan olvidado de quitar alguna de esas trampas… Y sí, puedes entrar en los túneles. Aunque solo hay unos pocos metros que se pueden caminar bajo tierra, para mí fueron demasiados. Es agobiante, apenas se puede caminar, y lo mejor, son tramos adaptados para ‘los occidentales’, es decir, algo más grandes que los originales…. Aquello tuvo que ser, sin duda, un verdadero infierno.
Y así fue como ganaron a los poderosos americanos.
Un viaje de escaso medio día nos bastó para despertar nuestro interés por aquel conflicto, y que fue tema de conversación principal desde ese momento, hasta nuestra llegada a Singapur esa misma noche, ya que tras regresar de los túneles, salimos hacia el aeropuerto para coger el avión de camino ‘a la isla’, de vuelta a la realidad.
¡Y todo lo que todavía me queda por descubrir de Vietnam!
PD. Especial agradecimiento a Alberto, sin cuya ayuda e información este viaje no hubiese podido ser tan completo ni tan perfecto. :D
Birmania ¡por fin!
(de vuelta al pasado, un bonito viaje por aquel todavía mes de marzo-abril)
Si estáis pensando en ir a Birmania, os doy un par de consejos:
Si estáis pensando en ir a Birmania, os doy un par de consejos:
1. No llevéis zapatos. Total, para entrar en cualquier templo, para escalar cualquier piedra, hay que ir descalzos, y eso es el 90% del tiempo. Así que los zapatos son poco útiles.
2. No deis caramelos/regalitos, a menos que estéis seguros de que tendréis para dar a todos los niños que se os acerquen. Es más triste ver la cara de un niño al que le dices que ya no tienes más para él, que no dar a ninguno. Y os aseguro que se corre la voz muy rápido. ;)
Por el resto, poco os puedo decir. Creo que venir a este increíble país ya va a ser sin duda una experiencia inolvidable. No es el típico turismo de coger un mapa y visitar los lugares más importantes. Nunca sabes qué te vas a encontrar, ni a quién.
Nosotros teníamos 9 días, y a pesar de eso, siempre se quedan cosas que quieres hacer o zonas que quieres visitar que no te da tiempo. Pero aun así, el plan de viaje fue bastante completo. Nos centramos en las 4 ciudades más importantes: Yangon, Bagan, Mandalay y el lago Inle. Por recomendación de unos amigos que habían ido antes, cogimos todos los vuelos internos antes de llegar, y con la Lonely Planet en mano, hicimos el resto. Los hostales y albergues no suelen tener página web, pero reservar una habitación por teléfono como en los viejos tiempos, no tiene precio. Y tampoco tiene problemas.
Otra recomendación, leer la Lonely Planet o cualquier guía de viaje actualizada de Birmania antes de ir para allá. La situación de este país merece un poco de atención antes de acudir, y ahí te explican por qué es importante no alojarse en grandes hoteles, ni llevar viajes totalmente cerrados y organizados por agencias locales, o entrar a visitar (y pagar entrada) en ciertos palacios y edificios del gobierno. Y por supuesto, es importante para conocer la forma de vida y la gente de Birmania. Solo así se puede entender todo lo que ves, todo lo que te cuentan.
Yangon, a pesar de haber sido la capital hasta hace muy poco, se traduce en bastante caos y suciedad en general, aunque con rincones bonitos como la conocida Shwedagon Pagoda.
Bagan, un terreno árido de casi 42km2 que acoge más de 4000 pequeñas pagodas y templitos, simplemente alucinante. Lo mejor, la gente del lugar, y la increíble e inigualable experiencia que nos brindaron enseñándonos su casa, invitándonos a desayunar, ofreciéndonos todo lo que tenían, presentándonos a la familia, y hasta decorándonos con la thanakha…..¡sin palabras!
Mandalay y alrededores, tiene mucho que visitar, y como siempre, había poco tiempo. Mingún, Inwa y el famoso U Bein bridge, desde donde el atardecer es impresionante, si no te pilla el día nublado. Para la próxima vez, espero que nos de tiempo a Monywa y Sagaing Hill también.
Y Lake Inle… ¡Tanta vida en un lago! Aprendimos a hacer paraguas de papel, a liar puros, a sacar hilos de la flor de loto y hasta como dar forma a la plata para hacer accesorios! También visitamos las plantaciones de tomate y de arroz, una escuela de monjes y un monasterio donde un monje que no hablaba inglés nos enseño su ‘hogar’ y vimos el atardecer tras un paseo en bici…
Y aunque contando todo esto no he contado casi nada de mi viaje, no puedo resumir todas las experiencias que vivimos, ni hablaros de cada persona que conocimos y que de verdad nos dejó huella, esa gente que hace de este país un lugar simplemente único, maravilloso y sin duda, muy muy especial. Gente de la que ya queda poca en el mundo y de la que tendríamos tanto que aprender.
Porque como decía al principio, cada uno tiene que vivir su propia aventura en Birmania.




















¡que lo disfrutéis! =)
2. No deis caramelos/regalitos, a menos que estéis seguros de que tendréis para dar a todos los niños que se os acerquen. Es más triste ver la cara de un niño al que le dices que ya no tienes más para él, que no dar a ninguno. Y os aseguro que se corre la voz muy rápido. ;)
Por el resto, poco os puedo decir. Creo que venir a este increíble país ya va a ser sin duda una experiencia inolvidable. No es el típico turismo de coger un mapa y visitar los lugares más importantes. Nunca sabes qué te vas a encontrar, ni a quién.
Nosotros teníamos 9 días, y a pesar de eso, siempre se quedan cosas que quieres hacer o zonas que quieres visitar que no te da tiempo. Pero aun así, el plan de viaje fue bastante completo. Nos centramos en las 4 ciudades más importantes: Yangon, Bagan, Mandalay y el lago Inle. Por recomendación de unos amigos que habían ido antes, cogimos todos los vuelos internos antes de llegar, y con la Lonely Planet en mano, hicimos el resto. Los hostales y albergues no suelen tener página web, pero reservar una habitación por teléfono como en los viejos tiempos, no tiene precio. Y tampoco tiene problemas.
Otra recomendación, leer la Lonely Planet o cualquier guía de viaje actualizada de Birmania antes de ir para allá. La situación de este país merece un poco de atención antes de acudir, y ahí te explican por qué es importante no alojarse en grandes hoteles, ni llevar viajes totalmente cerrados y organizados por agencias locales, o entrar a visitar (y pagar entrada) en ciertos palacios y edificios del gobierno. Y por supuesto, es importante para conocer la forma de vida y la gente de Birmania. Solo así se puede entender todo lo que ves, todo lo que te cuentan.
Yangon, a pesar de haber sido la capital hasta hace muy poco, se traduce en bastante caos y suciedad en general, aunque con rincones bonitos como la conocida Shwedagon Pagoda.
Bagan, un terreno árido de casi 42km2 que acoge más de 4000 pequeñas pagodas y templitos, simplemente alucinante. Lo mejor, la gente del lugar, y la increíble e inigualable experiencia que nos brindaron enseñándonos su casa, invitándonos a desayunar, ofreciéndonos todo lo que tenían, presentándonos a la familia, y hasta decorándonos con la thanakha…..¡sin palabras!
Mandalay y alrededores, tiene mucho que visitar, y como siempre, había poco tiempo. Mingún, Inwa y el famoso U Bein bridge, desde donde el atardecer es impresionante, si no te pilla el día nublado. Para la próxima vez, espero que nos de tiempo a Monywa y Sagaing Hill también.
Y Lake Inle… ¡Tanta vida en un lago! Aprendimos a hacer paraguas de papel, a liar puros, a sacar hilos de la flor de loto y hasta como dar forma a la plata para hacer accesorios! También visitamos las plantaciones de tomate y de arroz, una escuela de monjes y un monasterio donde un monje que no hablaba inglés nos enseño su ‘hogar’ y vimos el atardecer tras un paseo en bici…
Y aunque contando todo esto no he contado casi nada de mi viaje, no puedo resumir todas las experiencias que vivimos, ni hablaros de cada persona que conocimos y que de verdad nos dejó huella, esa gente que hace de este país un lugar simplemente único, maravilloso y sin duda, muy muy especial. Gente de la que ya queda poca en el mundo y de la que tendríamos tanto que aprender.
Porque como decía al principio, cada uno tiene que vivir su propia aventura en Birmania.
¡que lo disfrutéis! =)
jueves, 25 de marzo de 2010
Siem Reap (Camboya). En busca del templo perdido
Sea cual sea tu plan de viaje, si vienes al sureste asiático, Siemp Reap y los templos de Angkor Wat es un “must” de libro. Todo el mundo lo recomienda, todo el mundo habla de ello, y cuando vas, te das cuenta de que todo esta preparado para que vayas. De hecho, creo que los de Singapur somos unos de los poco becarios de la zona que todavía no lo conocíamos.
Así que para no dejarlo pasar más tiempo, nos cogimos hace dos fines el único billete que sale desde aquí con jetstar: salida un jueves y regreso el domingo.
El jueves llegamos super pronto a Siem Reap, donde nos recogieron en tuk tuck(uno de los más cómodos y “lujosos” de los que me he montado) y cuando llegamos al hostal, organizamos un poco nuestros días.
Siem Reap es el pueblo más cercano a los famosos templos de Angkor, siendo Angkor Wat el más importante e impresionante de todo el complejo. Según wiki, se trata de la mayor estructura religiosa jamás construida y uno de los tesoros arqueológicos más importantes del mundo. Así puede que no os suene de mucho, pero si os menciono la película Tom Raider (Lara Croft), seguro que alguno se acuerda de los increíbles paisajes donde se encontraba el templo escondido. Pues eso existe, no es cartón- piedra, y es mucho más impresionante cuando lo ves en directo.
El recorrido a ese templo y al resto de los alrededores es en lo que se basa el viaje a Siem Reap. Todo está muy organizado, ya que es tremendamente turístico. Todo el pueblo vive de los millones de turistas que pasan cada año por allí, y eres capaz de encontrarte a las mismas personas 2 o 3 veces durante tu viaje, ya que todos vamos a los mismos sitios y hacemos lo mismo. Pero es entendible, ¿quién quiere perderse un patrimonio de la humanidad tan impresionante? Los tours se dividen en 2 rutas: una más amplia, que son los templos que rodean el complejo de Angkor Wat, donde se encuentran templos de menos importancia (aunque alguno me sorprendió de grata manera) y la segunda, una ruta más pequeña y cerrada, con Angkor Wat y Angkor Thom, los dos templos más impresionantes por tamaño y arquitectura.
Para acceder al complejo, es necesario adquirir un pase o bien de 1 día, de 3 (40USD) o de 7. En un día, no te da tiempo a ver todo. Nosotros lo hicimos en 2, y da tiempo.
Así que con nuestro pase personalizado, nos dirigimos, cual mezcla entre Lara Croft e Indiana Jones, y con nuestro tuc tuc contratado para el día, hacia los templos, para adentrarnos entre las rocas y la naturaleza.

Siguiendo los consejos del Kualo, hicimos primero el recorrido más largo, como primera toma de contacto. Nos gustó muchísimo, y las cámaras de fotos echaban humo.















Después de todo el día ‘templeando’, de acabar casi con dolor de cabeza de todos los niños que vienen vendiendo comida, souvenirs, bebidas, libros,…, y con polvo hasta en las pestañas, decidimos ver el atardecer desde uno de los templos. Estuvo bien, pero la verdad es que estábamos muy cansados, y en ese ratito nos dio un poco de tiempo para descansar, e incluso alguno, para echarse una siestecita.

Después de eso, regresamos el hostal, nos adecentamos un poco y salimos a cenar. En cuanto terminamos, nos fuimos a dormir ya que al día siguiente….había que levantarse temprano. En concreto, habíamos quedado a las 4.30 de la mañana. Yo pensé que después de lo de los delfines, era imposible que me levantase antes cualquier otro día, pero para ver el amanecer, son esfuerzos que hay que hacer.
El plan prometía. Llegar de noche al complejo de Angkor, e ir viendo la salida del sol por detrás del templo. Con otro grupo enorme de turistas (y eso que se supone que estamos en temporada baja) que habían recibido la misma recomendación de ir a verlo, cogimos sitio enfrente del lago donde se refleja el templo y allí esperamos pacientes, entre muertos de sueño y expectantes. Afortunadamente, los camboyanos se las saben todas, y están preparados para verte con una cara de sueño por los pies. Y lo primero que te ofrecen cuando llegas es una silla y un café. Y todo por un dólar. Pues por qué no…La cosa fue algo así:





Ese día habíamos cogido una guía en el hostal, una chica de 22 que empezaba a trabajar por primera vez ese día. Ni su inglés ni su conocimiento de los templos dio para saber mucho más, pero el tratar con alguien local, y lo emocionada que estaba con conocernos, mereció el encuentro. Con ella nos pasamos el día entero recorriendo los templos del circuito pequeño, en concreto Angkor Wat y Angkor Thom, y una pasada lo que allí se encuentra. Hubo mucho andar, subir piedras, hacer fotos…












Mencionar que a la hora de la comida, que para nosotros ese día fue como a las 11 de la mañana, disfrutamos de uno de los momentos más increíbles de todo el viaje, cuando un par de niñas se acercaron a nuestra mesa vendiéndonos cosas, y Andrew y Eve se pusieron a repartir los regalos que habían traído para ellos y a jugar.

Pasaron de querer vendernos con gran insistencia (e incluso la más pequeña “amenazó” a Andrew con “ponerle un ojo morado” si no le compraba), a regalarnos las pulseras que ofrecían del buen rato que habían pasado. Bendita infancia, si es que solo son niños..!
A media tarde, y debido al gran madrugón, estábamos destrozados, así que a la vuelta al hostal, decidimos descansar un rato, echarnos una siesta, y luego ya por la noche, salir a cenar por la calle más conocida, Pub Street.
Al día siguiente decidimos quedarnos por el pueblo de Siem Reap. Ya que era nuestro último día y no había prisa, nos levantamos tarde, desayunamos algo, y nos pusimos a pasear y visitar algunos templos.




En uno de ellos, nos encontramos una pequeña escuela, y en una de las clases había una pizarra donde habían estado dando clases de español!! Allí también conocimos a un chico que iba para monje. Nos estuvo enseñando el templo, hablando con nosotros, contándonos sobre la ciudad, su familia, su padrino español….. ¡Una maravilla!
Luego estuvimos comiendo, y para darle vidilla, nos pedimos una barbacoa de 4 tipos de carne: serpiente, cocodrilo, avestruz y canguro. Las dos primeras, decentes, pero las otras dos, muy duras…
Por la tarde, decidimos darle un respiro al cuerpo y nos fuimos de masajes. Con eso y una ducha, estábamos más que preparados para pasar nuestra última noche en Camboya en un restaurante que se llamaba “Temple Club”, donde además de ofrecer comida riquísima y barata, había espectáculo de bailes tradicionales. Muy recomendable.



Y para rematar, si se podía, la ya perfecta noche, nos fuimos al mercado nocturno “Angkor Night Market”, al lado de nuestro hostal y que estaba abierto hasta las 11.30, para comprar algunos (cuantos) souvenirs y recuerdos.
La vuelta el domingo fue dura, muy dura. No solo porque había que hacer escala en Phnom Penh (capital) con bajada del avión de 20 minutos incluida, sino porque nos quedamos con más ganas de disfrutar de Camboya, de los templos, y sobre todo de su gente.
La frase más escuchada entre nosotros fue: ¡no queremos irnos!!
El jueves llegamos super pronto a Siem Reap, donde nos recogieron en tuk tuck(uno de los más cómodos y “lujosos” de los que me he montado) y cuando llegamos al hostal, organizamos un poco nuestros días.
Siem Reap es el pueblo más cercano a los famosos templos de Angkor, siendo Angkor Wat el más importante e impresionante de todo el complejo. Según wiki, se trata de la mayor estructura religiosa jamás construida y uno de los tesoros arqueológicos más importantes del mundo. Así puede que no os suene de mucho, pero si os menciono la película Tom Raider (Lara Croft), seguro que alguno se acuerda de los increíbles paisajes donde se encontraba el templo escondido. Pues eso existe, no es cartón- piedra, y es mucho más impresionante cuando lo ves en directo.
El recorrido a ese templo y al resto de los alrededores es en lo que se basa el viaje a Siem Reap. Todo está muy organizado, ya que es tremendamente turístico. Todo el pueblo vive de los millones de turistas que pasan cada año por allí, y eres capaz de encontrarte a las mismas personas 2 o 3 veces durante tu viaje, ya que todos vamos a los mismos sitios y hacemos lo mismo. Pero es entendible, ¿quién quiere perderse un patrimonio de la humanidad tan impresionante? Los tours se dividen en 2 rutas: una más amplia, que son los templos que rodean el complejo de Angkor Wat, donde se encuentran templos de menos importancia (aunque alguno me sorprendió de grata manera) y la segunda, una ruta más pequeña y cerrada, con Angkor Wat y Angkor Thom, los dos templos más impresionantes por tamaño y arquitectura.
Para acceder al complejo, es necesario adquirir un pase o bien de 1 día, de 3 (40USD) o de 7. En un día, no te da tiempo a ver todo. Nosotros lo hicimos en 2, y da tiempo.
Así que con nuestro pase personalizado, nos dirigimos, cual mezcla entre Lara Croft e Indiana Jones, y con nuestro tuc tuc contratado para el día, hacia los templos, para adentrarnos entre las rocas y la naturaleza.
Siguiendo los consejos del Kualo, hicimos primero el recorrido más largo, como primera toma de contacto. Nos gustó muchísimo, y las cámaras de fotos echaban humo.
Después de todo el día ‘templeando’, de acabar casi con dolor de cabeza de todos los niños que vienen vendiendo comida, souvenirs, bebidas, libros,…, y con polvo hasta en las pestañas, decidimos ver el atardecer desde uno de los templos. Estuvo bien, pero la verdad es que estábamos muy cansados, y en ese ratito nos dio un poco de tiempo para descansar, e incluso alguno, para echarse una siestecita.
Después de eso, regresamos el hostal, nos adecentamos un poco y salimos a cenar. En cuanto terminamos, nos fuimos a dormir ya que al día siguiente….había que levantarse temprano. En concreto, habíamos quedado a las 4.30 de la mañana. Yo pensé que después de lo de los delfines, era imposible que me levantase antes cualquier otro día, pero para ver el amanecer, son esfuerzos que hay que hacer.
El plan prometía. Llegar de noche al complejo de Angkor, e ir viendo la salida del sol por detrás del templo. Con otro grupo enorme de turistas (y eso que se supone que estamos en temporada baja) que habían recibido la misma recomendación de ir a verlo, cogimos sitio enfrente del lago donde se refleja el templo y allí esperamos pacientes, entre muertos de sueño y expectantes. Afortunadamente, los camboyanos se las saben todas, y están preparados para verte con una cara de sueño por los pies. Y lo primero que te ofrecen cuando llegas es una silla y un café. Y todo por un dólar. Pues por qué no…La cosa fue algo así:
Ese día habíamos cogido una guía en el hostal, una chica de 22 que empezaba a trabajar por primera vez ese día. Ni su inglés ni su conocimiento de los templos dio para saber mucho más, pero el tratar con alguien local, y lo emocionada que estaba con conocernos, mereció el encuentro. Con ella nos pasamos el día entero recorriendo los templos del circuito pequeño, en concreto Angkor Wat y Angkor Thom, y una pasada lo que allí se encuentra. Hubo mucho andar, subir piedras, hacer fotos…
A media tarde, y debido al gran madrugón, estábamos destrozados, así que a la vuelta al hostal, decidimos descansar un rato, echarnos una siesta, y luego ya por la noche, salir a cenar por la calle más conocida, Pub Street.
Al día siguiente decidimos quedarnos por el pueblo de Siem Reap. Ya que era nuestro último día y no había prisa, nos levantamos tarde, desayunamos algo, y nos pusimos a pasear y visitar algunos templos.
Luego estuvimos comiendo, y para darle vidilla, nos pedimos una barbacoa de 4 tipos de carne: serpiente, cocodrilo, avestruz y canguro. Las dos primeras, decentes, pero las otras dos, muy duras…
La vuelta el domingo fue dura, muy dura. No solo porque había que hacer escala en Phnom Penh (capital) con bajada del avión de 20 minutos incluida, sino porque nos quedamos con más ganas de disfrutar de Camboya, de los templos, y sobre todo de su gente.
La frase más escuchada entre nosotros fue: ¡no queremos irnos!!
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