Salimos un viernes y cogimos un vuelo a las 00.10 de la noche, dirección Cebú, donde llegaríamos a las 4am. En el aeropuerto nos recogió una furgoneta que nos llevó hasta el puerto para coger un ferry a las 6am hasta Tagbilaran, en la isla de Bohol. Y tras 2 horas de viaje en un barco frigorífico en el que parecíamos más pescado congelado que personas, llegamos a la esperada isla donde otra furgoneta nos esperaba para… ¡empezar el día y el tour! Como podréis comprobar, no hubo tiempo para dormir apropiadamente, así que algunos aprovecharon los trayectos y algunas paradas para echar cabezaditas, mientras otros íbamos con los ojos y el objetivo bien abiertos intentando captar cada rincón y momento de aquel lugar mitad salvaje, mitad civilizado, pero sin duda auténtico e increíble.
Acompañados en todo momento por nuestra guía Karen, hicimos la primera parada de la mañana en un Jolybee para desayunar, en cuya puerta de entrada había que pasar por un detector de metales, y donde un policía con una ametralladora colgada del cuello nos sonreía y nos ofrecía el paso al restaurante. Qué decir que con esa primera impresión, estábamos todos algo más que asustados, aunque en ningún momento notamos presión especial por ser turistas. Parece ser que por esa zona son comunes los robos a locales y tienen muchísima seguridad por todos lados, tanto en Cebú como en Bohol.
Ya con el estómago lleno, iniciamos el tour con la visita al pequeño Tarsier, el primate más pequeño del mundo, nocturno, y que se si se estresa, puede suicidarse dejando de respirar o golpeándose la cabeza si está en una jaula. Una monada, sin duda, una de las insignias de Bohol.
Sobre las 16.30, decíamos adiós a Karen y a nuestro conductor, que nos dejaron en la puerta del resort, Oasis Resort, al sur de Bohol, en la isla de Panglao, la cual está conectada con la isla principal por una carretera, en Alona beach, playa que nos habían recomendado. El resto del día estuvimos disfrutando de la playa y de la piscina, y nos fuimos a dormir pronto, sabiendo el madrugón que nos esperaba al día siguiente.
Así que allí fuimos todos con nuestra bolsa con el desayuno que nos había preparado el resort, a ver amanecer y a buscar delfines en mar abierto, donde media hora después, nos encontramos con otros 25 mini barcos con el mismo propósito que nosotros. Y así, pues claro, entre tanto ruido de motores y movimiento, vimos algún delfín, e incluso, lo que no nos esperamos tras 2 horas de búsqueda y espera, ¡2 tiburones!
Tras unas buenas sesiones de fotos, de sol y de gratas sorpresas por la zona, regresamos sobre las 16 al resort para comer, descansar, dormir y disfrutar de nuevo del atardecer.
Esa sería nuestra última noche en Bohol, que además compartimos con becarios de HK y Shanghai que nos encontramos sin planearlo en la playa, y que no serían los únicos que nos encontraríamos en Filipinas.
Al día siguiente, nos despertamos tarde y sobre las 16, nos vinieron a recoger al resort para llevarnos de nuevo al puerto y coger el ferry de vuelta a Cebú (esta vez con temperaturas más agradables y aguantables) y hacer noche en la ciudad hasta el día siguiente en el que abandonábamos esa isla para saltar al extremo oeste de Filipinas: Palawan.
(P.D. el recorrido lo organizamos con ayuda de la agencia GreenEarth Tours, afincada en Cebú, a través de la cual se pueden tramitar todo lo necesario como transportes, alojamientos, tours, ...)






A qué sitios os lleva el tito Iñaki.... ;)
ResponderEliminarPedazo de fotos, Arancha! Super bonitas, qué envidiaaaaa! Un besote
ResponderEliminarcomo molan esos sitios aranchi!!! sigue asi :)
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